viernes, 28 de abril de 2017

Farinelli - Lascia Ch'io Pianga

"ME ALQUILO PARA SOÑAR" 50 MEMORABLES FRASES DEL GRAN GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Hace dos años ya, el 17 de abril de 2014, que se fue el gran Gabo. Se fue su mirada bonachona de ojos caídos y llenos de vida.

Se fue su manera mágica de contar la realidad. Gabriel García Márquez era un genio sagaz y comprometido con el mundo, el mismo mundo que se quedó un poco más desalmado cuando el tierno Gabito dejó de alquilarse para soñar y emprendió su último viaje. Queremos recordarle a través de algunas de sus memorables frases literarias. Se te echa muchos de menos, Gabo.

1927 - 2014


1.El amor es eterno mientras dura. (Sólo vine a hablar por teléfono).

2. Poco a poco fue idealizándola, atribuyéndole virtudes improbables, sentimiento imaginarios, y al cabo de dos semanas ya no pensaba más en ella. Así que decidió mandarle una esquela simple escrita por ambos lados con su letra de escribano. (El amor en los tiempos del cólera).

3. Se hundió en una amable geografía, en un mundo fácil, ideal; un mundo como diseñado por un niño, sin ecuaciones algebraicas, sin despedidas amorosas y sin fuerzas de gravedad. (La otra costilla del hombre).

4. El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre. (Memoria de mis putas tristes).

5. Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos peleándose como perros. (Cien años de soledad).

6. El cuerpo humano no está hecho para los años que uno podría vivir. (Del amor y otros demonios).

7. Volverán –dijo-. La vergüenza tiene mala memoria. (La mala hora).

8. Todos los sueños con pájaros son de buena salud. (Crónica de una muerte anunciada).

9. La palabra mestizaje significa mezclar las lágrimas con la sangre que corre. ¿Qué se puede esperar de semejante brebaje? (Buen viaje, señor presidente).

10. En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: ‘Ojos de perro azul´ -dije-. Si mañana las recordara iría a buscarte. (Ojos de perro azul).

11. Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarle el ánima. (Cien años de soledad).

12. …recordó un viejo adagio español: “que no nos dé Dios lo que somos capaces de soportar”. (Noticia de un secuestro).

13. Recuerda siempre que lo más importante de un matrimonio no es la felicidad sino la estabilidad. (El amor en los tiempos del cólera).

14. Un buen escritor puede ganar buen dinero. Sobre todo si trabaja con el gobierno. (Vivir para contarla).

15. …si yo hubiera sabido que mi hijo iba a ser presidente de la república lo hubiera mandado a la escuela… (El otoño del patriarca).


16. Me alquilo para soñar. En realidad, era su único oficio. (Me alquilo para soñar).

17 .¿Por qué tendría que estar en el limbo? ¿Acaso había muerto? No. Simplemente fue un cambio de estado, un tránsito normal de un mundo físico a un mundo más fácil, descomplicado, en el que habían sido eliminadas todas las dimensiones. (Eva está dentro de su gato).

18. Preescribir es adquirir una propiedad por el transcurso del tiempo. (Vivir para contarla).

19. El cambio de personalidad es una lucha cotidiana en la que uno se rebela contra su propia determinación de cambiar, y quiero seguir siendo uno mismo. (La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile).

20. Es inútil que siga rezando. Hasta Dios se va de vacaciones en agosto. (Diecisiete ingleses envenenados).

21. No hay anuncios de cometas ni eclipses, que yo sepa, ni tenemos culpas tan grandes como para que Dios se ocupe de nosotros. (Del amor y otros demonios).

22. Dice que se está muriendo por mí, como si yo fuera un cólico miserere. (Cien años de soledad).

23. Pues habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte. (El amor en los tiempos del cólera).

24. Lo que pasa es que en este país no hay una sola fortuna que no tenga a la espalda un burro muerto. (La mala hora).

25. Siempre he dicho que uno envejece más rápido en los retratos que en la vida real. (Buen viaje, señor presidente).

26. No estoy enfermo –dijo el coronel-. Lo que pasa es que en octubre siento como si tuviera animales en las tripas. (El coronel no tiene quien le escriba).

27. Si no le temes a Dios, témele a la sífilis. (Vivir para contarla).

28. …aprendieron que las obsesiones dominantes prevalecen contra la muerte, y volvieron a ser felices con la certidumbre de que ellos seguirían amándose con sus naturalezas de aparecidos, mucho después de que otras especies de animales futuros les arrebataran a los insectos el paraíso de miseria que los insectos estaban acabando de arrebatarles a los hombres. (Cien años de soledad).

29. Sólo la poesía es clarividente. (Me alquilo para soñar).

30. Mi hijo nunca salía por la puerta de atrás cuando estaba bien vestido. (Crónica de una muerte anunciada).


31. Sin darse cuenta, a través del cuerpo incorrupto de su hija, llevaba ya veintidós años luchando en vida por la causa legítima de su propia canonización. (La Santa).

32. Nunca seré viejo –le dije entonces-. Ella lo interpretó como un propósito heroico de luchar sin cuartel contra los estragos del tiempo, pero él fue más explícito: tenía la determinación irrevocable de quitarse la vida a los sesenta años. (El amor en los tiempos del cólera).

33. Esa mujer es tu perdición…Te tiene tan embobado, que un día de estos te veré retorciéndote de cólicos, con un sapo metido en la barriga. (Cien años de soledad).

34. Es un triunfo en la vida que la memoria de los viejos se pierda para las cosas que no son esenciales. (Memoria de mis putas tristes).


35. No esperaba nada –mintió. Volvió hacia el médico una mirada enteramente infantil-. Yo no tengo quien me escriba. (El coronel no tiene quien le escriba).

36. Si tienes ganas de cantar, canta –dijo el coronel-. Esto es bueno para la bilis. (El coronel no tiene quien le escriba).

37. Se necesita tener esa capacidad de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años. (El coronel no tiene quien le escriba).

38. Soy libre y me vendo yo misma. (Del amor y otros demonios).

39. Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda y un aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesia que de los Andes. (El avión de la bella durmiente).

40. …hicieron un amor tranquilo y sano, de abuelos percudidos, que iba a fijarse en su memoria como el mejor recuerdo de ese viaje lunático…Era como si se hubieran saltado el arduo calvario de la vida conyugal, y hubieran ido sin más vueltas al grano del amor. (El amor en los tiempos del cólera).


41. Las vainas de cama se arreglan con plomo. (Vivir para contarla).

42. -Anoche soñé que estaba esperando una carta –dijo la abuela. Eréndida que nunca hablaba sino era por motivos ineludibles, preguntó: ¿Qué día era en el sueño? –Jueves. –Entonces eran malas noticias –dijo Eréndida- pero no llegará nunca. (La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada).

43. El mar crecerá con mis lágrimas. (La mala hora).

44. A mí me hubiera gustado morirme por mi cuenta, pero si mi destino era ese yo tenía que asumirlo. (Noticia de un secuestro).

45. Siento que la conozco menos cuanto más la conozco. (Del amor y otros demonios).

46. …y no hay mujer ni negra ni blanca que valga ciento veinte libras de oro, a no ser que cague diamantes. (Del amor y otros demonios).

47. Cuídate el corazón…te estás pudriendo vivo. (Cien años de soledad).

48. Hace un siglo me cagaron la vida con ese pobre hombre porque éramos demasiado jóvenes, y ahora nos los quieren repetir porque somos demasiado viejos. (El amor en los tiempos del cólera).


49. No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad. (Del amor y otros demonios).

50. Era un desconocido más en la ciudad de los desconocidos ilustres. (Buen viaje, señor presidente).


¡Gracias por tanto, Gabo!

jueves, 27 de abril de 2017

Hyperrealism Speed DRAWING -"Rainbow eyes" by Gerardo Monroy Vergara

HERMANN HESSE, SOBRE LA MODERACIÓN Y LOS PEQUEÑOS PLACERES DE LA VIDA

Una actitud prudente hacia los placeres de la vida puede llevarnos a disfrutar mucho más nuestra existencia.














El mundo en que vivimos, compulsivo, urgente, inundado por el tiempo, a veces nos aleja inadvertidamente de las fuentes más hermosas y sencillas de gozo. Es común culpar al trabajo, la vida moderna o las nuevas tecnologías por nuestra frecuente insatisfacción, pero éstos son solamente un síntoma de algo más, de la ausencia de una capacidad fácilmente recuperable, tan simple como hermosa.


Para el escritor Hermann Hesse (1877-1962), la premura, la necesidad de estar ocupados y de vivir en un estado de productividad compulsiva —de hacer, en vez de simplemente ser— son el drama crucial de la existencia moderna. Pero el alemán tiene una respuesta que, si bien podría parecernos obvia y sencilla, implica un entendimiento superior, capaz de modificar nuestra relación con el mundo.
En su visionario ensayo “Sobre los pequeños placeres” de 1905, el premio Nobel de Literatura comienza por describir el problema real, “Mucha gente vive hoy en un estupor aburrido y falto de amor”, y prosigue apuntando a nuestra fuente más frecuente de insatisfacción “Pero el atribuir una enorme importancia a cada hora y cada minuto, la prisa como el objetivo último de la vida es, sin duda, el enemigo más peligroso de la felicidad”. La compulsión de buscar el placer solamente genera más insatisfacción, una que paradójicamente tiene que ser saciada constantemente.


Hanami, es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores


La solución que propone Hesse es, sin embargo, refrescante y sencilla:

Solamente me gustaría recuperar una vieja y tal vez anticuada fórmula privada: el placer moderado es doblemente placentero. ¡Y jamás debemos olvidarnos de los pequeños placeres!

Según el escritor, la moderación requiere una gran valentía, al menos ante las sociedades en las que vivimos y frente a las personas que nos rodean. De manera simple, nos plantea un ejercicio: ¿qué pasaría si un hombre acostumbrado a ver exhibiciones de arte enteras, llenas de espectaculares piezas, pasara 1 hora o más observando una sola obra maestra, y decidiera “contentarse con eso por el día”? Sin duda, acierta Hesse, ese hombre aprendería algo de ello.

Finalmente, el escritor asegura que la habilidad de disfrutar los pequeños placeres de la vida está íntimamente conectada con el hábito de la moderación, una capacidad que originalmente todos tenemos pero que ha sido disminuida por el torbellino la vida moderna. Esa moderación es, de acuerdo con este visionario ensayo, fuente de amor, alegría y poesía en nuestras atareadas vidas. Con respecto a los grandes placeres, Hesse recomienda guardarlos para las vacaciones o los momentos realmente apropiados.

El ensayo “Sobre los pequeños placeres” es una breve y hermosa invitación a hacer eso que Hesse define como abrir los ojos al mundo, pues, sin duda alguna, aprender a disfrutar en pequeñas dosis permite una sensación más duradera de plenitud y satisfacción. Esos pequeños placeres, que como inadvertidas fuentes de luz brillan alrededor de nosotros y que varían según cada persona, ostentan la respuesta. Y los pequeños sacrificios que implica la moderación no pueden sino valer la pena.

Para terminar su ensayo, Hesse hace esta pequeña y discretamente iluminada recomendación:

Sólo pruébalo una vez —un árbol, o al menos una porción considerable de cielo, que puede verse desde cualquier lugar. Ni siquiera tiene que ser un cielo azul; de alguna u otra manera la luz del Sol siempre se hace sentir. Acostúmbrate a ver un momento el cielo cada mañana, y de pronto serás consciente del aire que te rodea, el olor de la frescura de la mañana que se te concede entre el sueño y el trabajo. Encontrarás todos los días que el tejado de cada casa tiene su propia apariencia y su propia luz. Pon atención y pasarás el resto del día con una satisfacción reminiscente y un sentimiento de coexistencia con la naturaleza. Gradualmente y sin esfuerzo, el ojo se entrena a sí mismo para poder transmitir numerosos y pequeños placeres, a contemplar la naturaleza y las calles de la ciudad, a apreciar la inagotable diversión de la vida cotidiana. Esto es, para el ojo entrenado artísticamente, solamente el inicio del viaje; lo principal es el comienzo, el acto de abrir los ojos.

Y es verdad, ¿por qué habríamos de estar dispuestos a perdernos de un pequeño pedazo de cielo, de la belleza en la barda de un jardín cubierta de ramas, de la galanura de un perro, de un grupo de niños o de un rostro hermoso, del sonido de nuestra propia voz, de un trozo de fruta o de una melodía que alguien canta en la distancia?